En estos días hemos conocido la desagradable noticia de la liberación de un asesino con 25 muertes a sus espaldas, condenado a 3000 años de carcel, de los cuales ha cumplido 21. Además ha salido orgulloso del "trabajo realizado", alentando a los suyos, despojos humanos y sabandijas, a "continuar la lucha".
Como creyente no debería decir esto, pero admito que no me importaría brindar el día que alguien haga un favor a la sociedad y le borre del mapa. El culpable no será el hijo del asesinado que se tome la justicia por su mano, sino las injustas leyes que permiten que tal alimaña esté en la calle riéndose de todos nosotros. Mientras tanto, me consuelo pensando en el miedo que va a pasar el resto de sus días, porque los etarras son unos cobardes de antología, sabiendo que no siempre va a estar la policía para protegerle, y que ya hay alguna víctima que le ha dicho "mi cara será lo último que veas".
Hace unos días un preso de una cárcel de Sevilla hacía la siguiente petición al Tribunal Constitucional:
«Me dirijo a ustedes por la escandalosa puesta en libertad de De Juana Chaos. No sólo representa una bofetada a las víctimas y a sus familiares, sino, como también comprenderán, a los presos comunes. Me permito adjuntarles la copia de la instancia que he dirigido al Tribunal Constitucional, que aunque la pregunta pueda resultar “tonta” creo que constituye una interesante cuestión ética. Agradecido de antemano». Firma, fecha y DNI.
El preso, que cumple condena por el asesinato de su anciano padre y su hermano deficiente (vamos, que tampoco es un angelito), expone que si De Juana Chaos, con 3.000 años de condena y 25 asesinatos ha pagado 21 años «¿Cuánto me corresponde a mí, con 2 asesinatos y 23 años de condena?».
No sería yo quien pidiera esa "regla de tres" para el resto de asesinos, pero es que a veces la justicia en España es una tomadura de pelo.



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